Volvimos a la Universidad Torcuato Di Tella, a la clase de Storytelling de Paola Marino, que desde hace años pide a sus estudiantes que no usen el celular en clase. Y, una vez más, la experiencia nos dejó mucho más que una clase sin celulares.
Lo que dijeron antes
Antes del encuentro hicimos una encuesta a los alumnos para entender sus hábitos:
- El 68% siente que pierde demasiado tiempo con el celular y que lo distrae de cosas que quiere o necesita hacer.
- El 55% siente que afecta su capacidad de concentración.
- Cuando les preguntamos en qué momentos les gustaría usarlo menos, el 77% eligió antes de dormir y el 52%, mientras trabaja o estudia.
Lo que pasó en el aula
Con ese contexto propusimos algo simple: vivir la clase sin celulares. Hay miradas antes de guardarlo, sí. Y después cambia la dinámica: la atención se sostiene de otra manera y se genera un espacio distinto para escuchar, participar e intercambiar ideas.
La primera vez que fuimos, 22 personas de entre 20 y 23 años, de Argentina y del mundo, estuvieron concentradas y comprometidas con el desafío de otro. Nos fuimos con ideas, preguntas y críticas que ni se nos habían ocurrido. Esa es la magia de reflexionar, escuchar y discutir en grupo sin interrupciones.
¡Gracias, Paola Marino, por abrirnos las puertas otra vez!

