Tres meses al año usando el celular. Ese es el promedio de los adolescentes en la Ciudad de Buenos Aires, según un estudio del Ministerio de Educación porteño y el ITBA que midió el uso real en los teléfonos de más de 3.000 estudiantes: 6 horas y 10 minutos por día, unos 92 días al año.
Es fácil pensar que es un tema de los chicos, pero la verdad es que todos usamos el teléfono más de lo que quisiéramos. Según mi propio teléfono, abro WhatsApp unas 100 veces por día.
No es falta de voluntad
Está todo diseñado para eso: son productos construidos por equipos cuyo trabajo es que los uses más y más. Querés mandar un recordatorio y diez minutos después estás en Instagram sin saber cómo llegaste ahí. La atención es el recurso más valioso que tenemos, y la estamos perdiendo.
Cinco pautas que me sirven
- El celular no duerme en el cuarto. Se carga en otro lado y volví al despertador. Ayuda mucho a evitar el scroll antes de dormir.
- Un lugar para guardarlo. Tengo una caja Blikket en casa para los momentos en que no lo quiero usar: mientras comemos, o entre que termino de trabajar y los chicos se van a dormir.
- Límites de tiempo en las apps. Son fáciles de ignorar, pero sirven para tomar conciencia.
- Recuperar los tiempos de espera. Tener a mano un juego, una libreta o un libro para no caer en el scroll infinito mientras espero algo.
- Acuerdos familiares. Este me parece clave: charlar cuándo se usa el celular y cuándo no, poner el desafío sobre la mesa y reconocer que nos cuesta hacerlo solos.
No me sale siempre. Lo sigo usando más de lo que quisiera. Pero me gusta pensar que lo intento usar de forma más consciente. Es un tema que no se resuelve individualmente: empieza en los grupos más chicos y, de a poco, se contagia a los más grandes.
Fuentes

