La Generación Z está buscando desconectarse. Cada vez más jóvenes eligen vacaciones sin wifi, compran discos de vinilo, sacan fotos con cámaras de rollo o vuelven a los teléfonos básicos. No parece un nicho ni una moda pasajera, sino un ajuste cultural.
Recuperar el control de qué y cómo
Es lo que se me viene a la cabeza cuando veo la vuelta del hardware a la música. La gente quiere recuperar el control de qué escucha y cómo lo escucha.
Recuperar el qué tiene nombre: resistencia algorítmica. La gente está cansada de que el algoritmo elija por ella. Recuperar el cómo sería sacarle el monopolio al teléfono: desbloqueás la pantalla para elegir un tema y cinco minutos después estás en Instagram. El crecimiento de vinilos, CDs y cassettes habla de esa necesidad de hacer más propia la experiencia.
Lo mismo pasa con lo que vemos. Hace poco, charlando con amigas, alguien recordó lo divertido que era ir al videoclub: “Tardabas más en elegir que en ver la película”. Hoy casi nunca elegimos: el algoritmo decide por nosotros.
Print: ese viejo amor que insiste en regresar
Revistas, catálogos y postales vuelven a aparecer impresos. Medios como i-D volvieron al papel, e incluso medios nacidos digitales exploran el formato físico. Las revistas son caras y ocupan espacio, fricciones que el mundo digital resolvió muy bien. Pero en el camino perdimos cosas que no sabíamos que nos importaban: lo que se puede tocar, ver y hasta oler. Tomarse el tiempo de leer algo sin interrupciones.
En Argentina también pasan cosas: revistas como Analógica, PLOT y Anchoa Magazine tienen un trabajo editorial muy interesante, editadas e impresas acá.
Offline by design
¿Qué oportunidad hay para las marcas y los organizadores? Diseñar experiencias offline by design: lugares donde la gente conecte, charle y use todos sus sentidos. La demanda de presencia genuina llegó para quedarse.
Fuentes

